 Desde este Foro “Ciudadanos por la Isla”, discrepamos de aquellos que creen que la democracia se sustenta exclusivamente en los partidos políticos. Nosotros mantenemos que la verdadera democracia debe estar sustentada en el robustecimiento de la sociedad civil: que no todo se quede en una democracia de partidos (por cierto, casi todos internamente carecen de ella), sino que debe resurgir de una vez, una democracia de ciudadanos participantes por vías más directas y espontáneas. Los partidos políticos están acostumbrados a que sean sus cuadros los que influyan determinadamente en la sociedad, ejerciendo lo que podemos denominar la “partitocracia”. La dejación de derechos de la sociedad civil, han permitido que ellos se hagan los dueños absolutos de la vida política. Imponen su criterio incontestable y nadie puede hacer nada fuera de su control. Los partidos dominan y su dominio es apabullante; dominan a los electores, a los militantes, a los colectivos sociales, a las instituciones, etc... Incluso impiden la participación interna, a pesar de que el art. 6 de la Constitución les considera «instrumento fundamental para la participación política»; rara vez la élite de los partidos acude a los militantes para oír su opinión, menos aún para asumir ante ellos el control de sus decisiones.
Si los observamos con detenimiento, tampoco son partidarios de la dinamización social; sino todo lo contrario, ya que cada vez más son corporaciones centralizadas, burocratizadas y profesionalizada. Tampoco están próximos, ni reflejan a la sociedad a la que dicen servir. Viven en otro mundo, muy distante, ya que permanentemente están ocupados en la lucha por el poder dentro y fuera de su partido. Por último, ni siquiera desarrollan realmente la función a la que deben su existencia, que no es otra que la representación de los ciudadanos, pues ni suelen cumplir los programas por los que fueron votados, ni se relacionan con los ciudadanos votantes más allá de los escasos días de la campaña electoral. Cada vez más muestran un acusado carácter electoralista, sus objetivos primordiales es ganar elecciones y alcanzar el poder. Se han convertido en permanentes maquinarias electorales. Por todo ello, y volviendo al principio de este escrito, debemos robustecer la democracia desde el poder civil. Esto que puede parecer utópico, dada las circunstancias, es posible si para ello nos empeñamos en dejar que ellos en exclusiva manejen nuestras vidas y las de nuestros hijos. Que ellos con sus arbitrarias e impuestas decisiones; con sus dejaciones de funciones; con sus incumplimientos de programas; con sus mentiras y manipulaciones sean los que decidan por todos nosotros. Debemos exigir que sean gestores de nuestros impuestos y defensores de nuestros derechos.
Debemos luchar por una democracia de ciudadanos, donde los partidos políticos tengan su lugar preferente, pero no en exclusiva.
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